Después de un largo camino y en el momento menos esperado, me encontraba entre exámenes y más exámenes y aquí comienza mi historia: llegó un día en la vista de una de las islas más hermosas, Providencia, con un sol sofocante, una noticia que oscureció mi vida, mi camino y hasta el siguiente paso que debía dar.
Ese momento, rodeada de seres humanos con un corazón enorme, recibí abrazos, palabras de aliento, pero también momentos de silencio sin saber que decirme. Agradecí cada una de esas muestras de amor y apoyo, pero en mi cabeza solo había un deseo: estar en el refugio de mi hogar, con mi familia, para encontrar junto a ellos el nuevo camino a recorrer.
Y aquí comienza también la otra parte; un pinchazo por aquí, otro por allá, exámenes, procedimientos y días que parecían no terminar, también llegó el momento que más miedo me daba: el día de quedarme sin una parte de mí. Una parte que, sin duda, cambiaría mi forma de verme, de sentirme y hasta de vivir. Pero también sabía, que, aunque en ese momento no fuera fácil entenderlo, al final de todo esto, saldrían grandes aprendizajes y cambios.
Gracias a Dios, he estado abrazada, consentida y acompañada por personas maravillosas que hicieron que cada día estuviera lo mejor preparada posible para enfrentar ese duro y doloroso momento. Porque sí… hay cosas que estremecen hasta cuando respiras, que te dejan sin aire., que cuando te miras al espejo duelen., que cuando te vistes incomodan, que te hacen preguntarte muchas cosas y que, por momentos, parece que no fuera a terminar. Pero al final, esta es mi nueva condición de vida y hay que avanzar.
Y fue justamente por ese camino que busqué también ayuda espiritual, me reencontré con amigos, me acerqué más a mi familia, para agradecer por esta nueva oportunidad que me estaba dando la vida.
Sí, sin un seno, pero con algo muchísimo más grande: el amor de mi familia, de mis amigos, de las personas cercanas y hasta de quienes nunca imaginé que sintieran tanto cariño y aprecio por mí.
Hoy, con la cabeza en alto y con la alegría que no puede faltar, puedo decir que hemos vencido esta prueba, y digo hemos, porque esto no lo viví sola, lo vivimos todos los que estuvieron a mi lado, los que me abrazaron, los que oraron, los que me acompañaron, los que me hicieron reír cuando no tenía ganas y los que simplemente estuvieron ahí.
Esta experiencia me enseñó que vale la pena disfrutar cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada amanecer, cada atardecer y cada anochecer. Disfrutar cada instante y agradecerlo, porque un sacudón puede llegar en cualquier momento y cambiarlo todo.
No soy de manifestar mucho estas cosas, pero hoy siento que debo decirlo, porque quizás tengas una situación similar con un familiar, un amigo o alguien cercano que esté atravesando un cáncer, el que sea, simplemente puedo decir abrácenlo, díganle cuánto lo aman y hágale sentir que no está sol@.
No son necesarios los reproches, no es necesario contarle la historia de fulanito o zutanito. No hace falta comparar, cada caso, cada cuerpo, cada historia y cada vida son diferentes, creo que una de las peores cosas que pueden decirle a alguien que está atravesando una enfermedad es: “A fulanito le pasó esto”, “a zutanito le pasó aquello”o asumir que necesariamente tendrá el mismo desenlace.
No necesitamos cargar con historias ajenas cuando ya llevamos suficiente peso sobre nuestros propios hombros. 32xA veces, lo único que necesitamos es sentirnos acompañados. Un abrazo, una palabra bonita, una oración, una mano que nos sostenga, una persona que nos diga: “aquí estoy contigo”.
Espero que esta historia, que no ha sido fácil de contar, pueda servir para alentar, orientar y, sobre todo, llevar un poquito de esperanza a aquellas personas que hoy también están atravesando esta enfermedad.
Esta es mi historia, una historia que me cambió, que me sacudió, que me dolió, pero que también me enseñó a valorar mucho más el regalo de estar viva.
Hoy solo puedo decir:
Gracias a Dios por una nueva oportunidad.
Gracias a mi familia por ser mi refugio.
Gracias a mis amigos, colegas por cada abrazo.
Gracias a quienes estuvieron, están y seguirán estando.
Y si algo he aprendido de todo esto es que un abrazo siempre será la mejor medicina.