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Hace dos años jamás hubiera imaginado todo el camino que he recorrido y las personas que he conocido. En diciembre de 2019, después de haber presentado varias entrevistas y haber conocido varios lugares dispuestos a abrirme las puertas para trabajar con ellos, llegué a Mercy Corps. Recuerdo como me lo repitieron varias veces en la universidad, alistar mi mejor pinta en la noche, conocer un poco más sobre la organización para así, llegar “preparada a la entrevista”. Aunque debo confesar que por más preparación que tuviera, los nervios siempre estuvieron presentes.

Al llegar, me dí cuenta que esta no sería una entrevista como las anteriores. Me recibieron con calidez, haciéndome sentir bienvenida y cómoda. Desde ese momento,  supe que mis prácticas, las quería hacer en un lugar así, un lugar dónde pudiera ser auténtica y donde iba a trabajar en algo que me ha movido toda la vida: el servicio. 

Dos años después, me siento muy afortunada de haber tenido la oportunidad no solo de hacer mis prácticas, sino de haberme vinculado y tener la posibilidad de aprender, de retarme cada día y de confirmar que trabajar en esta organización es el comienzo de mi camino profesional. 

¿Cómo es trabajar en una ONG? 

En una ONG, no lo sé. En Mercy Corps es de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Es una organización que además de trabajar para transformar la vidas de otras personas, con las actividades, los talleres y la calidad humana de su equipo, transforma también la vida de quienes trabajan en ella. 

Puedo decir que aún me queda mucho por aprender, que una pandemia, 8 programas, un equipo de trabajo más grande y la posibilidad de seguir recorriendo los municipios, contando las historias de todas aquellas personas que trabajan cada día para construir un mejor futuro para sus familias, son la mayor inspiración para continuar con este camino y sentirme muy orgullosa de hacer parte de Mercy Corps. 

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