Una iniciativa sostenible que fortalece la preparación, la autonomía y el cuidado colectivo en el Caribe
En 2017, el paso del huracán María por Puerto Rico ocasionó graves afectaciones, entre ellas la destrucción de infraestructura, inundaciones y daños en la red eléctrica, cuyo restablecimiento tomó meses. Esto interrumpió servicios esenciales para la población, registrándose más de 2.900 muertes asociadas directa e indirectamente a los efectos del huracán.
Durante este tiempo, las organizaciones comunitarias fueron fundamentales para atender las necesidades más urgentes. Su conocimiento del territorio, su cercanía con las personas y su capacidad para movilizar recursos las convirtieron en puntos esenciales de apoyo. “Si nosotros no hubiésemos tenido esta organización para María, hubiese sido un caos aquí. No había dónde repartir alimentos, realizar una feria de salud o entregar agua”, recuerda Nilza Collazo Ramos, voluntaria de Guardarraya Unidos por un Patrimonio Educativo (GUPE), en Patillas.
A partir de 2018, Mercy Corps trabajó junto a estas organizaciones para fortalecer más de 15 Centros Resilientes o Resilience Hubs en Puerto Rico. La iniciativa no buscaba crear nuevos espacios, sino aportar infraestructura, herramientas y conocimientos a organizaciones que ya contaban con una trayectoria y con la confianza de sus comunidades.
Bases sólidas para responder
Mercy Corps desarrolló un modelo de cuatro pilares que permiten mantener servicios esenciales cuando se presenta una emergencia.
Vista aérea del Centro Resiliente ’Fe Que Transforma’, en Vieques, Puerto Rico. La imagen muestra sus instalaciones y el sistema de paneles solares; en la edificación ubicada a la izquierda se encuentra la zona de almacenamiento de alimentos. Foto por Laura Sánchez
La energía renovable permite que los centros continúen operando durante interrupciones eléctricas. Allí, las personas pueden cargar celulares y dispositivos médicos, conservar medicamentos o acceder a espacios acondicionados.
Los sistemas de almacenamiento y purificación de agua facilitan el acceso a agua segura cuando falla el servicio regular, mientras que la conectividad y las radiocomunicaciones ayudan a mantener el contacto y la coordinación si las redes habituales dejan de funcionar.
La seguridad alimentaria completa esta base mediante cocinas, reservas de alimentos y huertas comunitarias que reducen la dependencia de cadenas de abastecimiento que pueden verse afectadas. Estos recursos se complementaron con capacitaciones en primeros auxilios, preparación familiar y reducción de riesgos, fortaleciendo tanto la infraestructura como las capacidades de las personas que sostienen cada centro.
Luz Padilla en la huerta comunitaria de Guardarraya Unidos por un Patrimonio Educativo (GUPE), un espacio que promueve el cultivo local y la seguridad alimentaria en Patillas. Foto por Laura Sánchez.
Espacios que responden todos los días
Al estar firmemente establecidas en sus territorios, las organizaciones que integran los Centros Resilientes pueden brindar atención antes, durante y después de huracanes, terremotos, incendios, sequías, inundaciones o interrupciones de servicios básicos.
Su labor también hace parte de la vida cotidiana. Cada organización presta servicios diferentes, como distribución de alimentos, acompañamiento a personas mayores, orientación tecnológica, huertas y talleres, pero todas comparten el propósito de cuidar a las personas y responder a las necesidades de su comunidad.
Mily Rodríguez junto a kits con ayudas que la Asociación Pro Juventud y Comunidad de Barrio Palmas (APJ) entrega continuamente a las personas que las requieren, gracias al apoyo de donantes y empresas aliadas. Cataño, Puerto Rico. Foto por Laura Sánchez.
“No solamente estamos para ofrecer un servicio. En muchas ocasiones simplemente tenemos que sentarnos y escuchar al individuo”, explica Mily Rodríguez, de la Asociación Pro Juventud, en Cataño. Esa cercanía convierte a los centros en lugares de confianza donde, como señala Anaís López, voluntaria de ‘Fe Que Transforma’, las personas saben que podrán encontrar apoyo cuando lo necesiten.
Nilza Collazo Ramos, voluntaria de GUPE, participa en la tienda comunitaria de ropa de segunda mano, una iniciativa que ofrece artículos a precios accesibles y contribuye a la sostenibilidad de la organización. Patillas, Puerto Rico. Foto por Laura Sánchez. Foto por Laura Sánchez.
Una estrategia que crece en el Caribe
Desde 2023, Mercy Corps trabaja para replicar la estrategia de la Iniciativa de Resiliencia del Caribe (CRI, por sus siglas en inglés) en Santa Cruz, Santa Lucía, Nevis y Jamaica, con un alcance de más de 2,7 millones de personas en la región. La expansión busca adaptar el modelo a las necesidades de cada isla y avanzar hacia una red regional de centros que compartan aprendizajes y se apoyen frente a emergencias.
“Estamos en 2026 y vemos que los centros fortalecidos en Puerto Rico siguen operando. Esto demuestra que es un modelo probado, que puede replicarse y continuar fortaleciendo a las comunidades”, explica César Ramírez, integrante del equipo de CRI.
Esta expansión cobra especial relevancia ante los riesgos que enfrenta la región. Según el informe más reciente de la Organización Meteorológica Mundial, entre 1991 y 2025 América Latina y el Caribe registraron la tendencia de calentamiento más acelerada desde 1900. El huracán Melissa, que en 2025 se convirtió en el primer huracán de categoría 5 del que se tiene registro en tocar tierra en Jamaica, evidenció la necesidad de contar con comunidades preparadas y servicios esenciales capaces de mantenerse durante una emergencia.
En este contexto, extender la red de Centros Resilientes significa fortalecer el acceso a agua, energía, alimentos y comunicaciones, pero también la organización y la capacidad de respuesta de las comunidades del Caribe.