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Darlin Morales - Aprendiz TIC

En el 2019, con tan solo 16 años, crucé la frontera desde Venezuela hacia Colombia. En mi mochila llevaba esperanza, y en mi corazón, una gran determinación. Me impulsaba un sueño: ayudar a mi familia y construir un futuro mejor. Sabía que el camino no sería fácil, pero en lo más profundo de mi ser latía una llama inquebrantable que me aseguraba que no me rendiría. 

Llegar a un país nuevo siendo tan joven significaba enfrentar retos para los que no estaba preparada. Me encontré en medio de la incertidumbre y el desarraigo. A medida que intentaba adaptarme, emprendí un viaje interno inesperado, uno que me llevó a descubrir quién soy realmente. Era como caminar por un sendero desconocido, en el que cada paso desataba un torbellino de emociones encontradas. Entendí que, antes de encontrar mi lugar en el mundo, debía encontrarme a mí misma.  

Sin embargo, no todos entendieron esa búsqueda. Enfrenté miradas de desdén y comentarios hirientes, que se manifestaban en forma de xenofobia y homofobia. Pero, en lugar de dejarme caer, encontré dentro de mí una fuerza que desconocía. Una resiliencia que me permitió superar cada obstáculo y a no permitir que las circunstancias o las opiniones de otras personas definieran mi destino.  

Con el paso de los años y tras una lucha constante, logré abrirme camino en este país. Me formé en el área técnica y, poco a poco, comenzaron a surgir nuevas oportunidades. Fue entonces cuando mi historia dio un giro inesperado: Mercy Corps llegó a mi vida. 

Esta organización se convirtió en el faro de luz que iluminó mis pasos. En ellos encontré mucho más que conocimientos técnicos; me brindaron amor, comprensión y respeto. Mercy Corps fue mi refugio, un espacio seguro donde mi historia fue escuchada y mi dolor, validado. Me ofrecieron abrazos sinceros, de esos que secan lágrimas y traen sonrisas. 

Ha sido mi primera experiencia en una organización humanitaria, y se convirtió en mi trabajo soñado. Durante seis meses, aprendí constantemente y compartí, con personas maravillosas que llenaron mis días de risas y esperanza. Cada una de ellas ocupa un lugar especial en mi corazón. Gracias a este trabajo, hoy soy más fuerte, más segura de mí misma y más convencida de que, incluso en medio de la tormenta, hay esperanza y apoyo.  

Mi historia es un testimonio de que, con perseverancia encendida en el corazón, podemos encontrar nuestro lugar en el mundo. Porque al final, el mayor tesoro que poseemos es el poder respirar con gratitud. 

A todos los que forman parte de Mercy Corps: gracias por creer en mí, por darme un refugio en los momentos más difíciles y por recordarme que la empatía y la comprensión pueden transformar vidas. ¡Gracias, gracias, infinitas gracias! 

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