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Sasha Robinson - Oficial de Movilización Comunitaria

El 16 de noviembre de 2020, cuando el huracán Iota golpeó nuestra isla de Providencia, me encontraba junto a mi familia y mi hijo de apenas diez meses de nacido. Vivir un fenómeno de esa magnitud, siendo madre de un bebé, me permitió comprender lo vulnerables que podemos llegar a ser y la importancia de estar preparados para proteger a quienes más amamos.

Iota marcó un antes y un después en la historia de Providencia y Santa Catalina. Nos dejó pérdidas materiales, profundas afectaciones y recuerdos difíciles, pero también puso a prueba nuestra fortaleza, solidaridad y capacidad de levantarnos como comunidad. Hoy, casi seis años después, aquella experiencia sigue recordándonos que la resiliencia no consiste solamente en recuperarnos de lo vivido, sino también en aprender para enfrentar mejor lo que pueda venir.

Soy Sasha Robinson Brown, mujer raizal, madre, esposa y profesional de esta tierra que amo profundamente. Aquí nací y crecí, y aunque un día tuve que salir de mi isla para formarme profesionalmente, siempre tuve claro que quería regresar y aportar a su desarrollo.

Un reencuentro con mi vocación

En 2025 llegó a mi vida una oportunidad que conectó profundamente con mi historia personal: formar parte de un programa orientado a fortalecer las capacidades de las comunidades para anticiparse, prepararse y responder mejor ante eventos climáticos extremos y otras situaciones de riesgo.

Esta oportunidad se materializó a comienzos de 2026, cuando inicié mi trabajo con Mercy Corps a través del programa ResiRed, donde acompañamos a familias, líderes y organizaciones comunitarias en el fortalecimiento de sus capacidades para identificar riesgos, desarrollar planes de emergencia y adoptar acciones anticipatorias que contribuyan a reducir los impactos de posibles desastres.

ResiRed, más que una oportunidad laboral, significó volver a estar cerca de mi gente, escuchando sus experiencias, comprendiendo sus preocupaciones y acompañando procesos que buscan generar cambios positivos en sus vidas. Esta experiencia me ha reafirmado que la resiliencia también se construye escuchando. Detrás de cada encuentro comunitario hay experiencias, temores, aprendizajes y saberes que merecen ser reconocidos. No llegamos únicamente a compartir conocimientos; también aprendemos de quienes conocen su territorio y han encontrado maneras de enfrentar sus dificultades.

Como madre, pienso en la importancia de que nuestras familias sepan cómo actuar y cuenten con herramientas para protegerse. Como mujer raizal, pienso en nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestros medios de vida. Y como profesional, encuentro un enorme sentido en contribuir a que nuestras comunidades estén cada vez más informadas, organizadas y preparadas.

Este regreso me hizo recordar los inicios de mi trayectoria profesional, hace más de doce años, cuando, después de culminar mis estudios universitarios, tuve la fortuna de comenzar mi vida laboral trabajando directamente con las comunidades de Providencia. Aquella experiencia me permitió conocer distintas realidades, identificar desafíos y reconocer las enormes capacidades de nuestra gente.

Hoy, la vida me permite retomar ese camino desde una perspectiva diferente: la de una profesional que acompaña procesos de fortalecimiento comunitario, pero también la de una mujer raizal que vivió, junto a su familia, uno de los desastres más difíciles que ha enfrentado nuestro territorio. 

Una oportunidad para servir con el corazón

Agradezco profundamente a la vida por haberme abierto esta puerta y a Mercy Corps por permitirme reconectarme con una de mis mayores vocaciones: servir a mi comunidad.

Esta experiencia me ha recordado que el verdadero valor de nuestro trabajo no está solamente en las actividades que realizamos, sino en las capacidades que ayudamos a fortalecer y en las oportunidades que construimos junto a las personas.

No podemos evitar que ocurran los fenómenos naturales, pero sí podemos aprender de nuestra historia y prepararnos para reducir sus consecuencias.

Mi mayor deseo es que las nuevas generaciones de Providencia y Santa Catalina crezcan en unas islas más seguras, conscientes de sus riesgos, orgullosas de su identidad y capaces de actuar de manera anticipada para proteger sus vidas y su territorio.

Porque para mí, trabajar por mi comunidad no es solamente una responsabilidad profesional. Es una forma de agradecerle a mi tierra todo lo que me ha dado y de contribuir, con responsabilidad y corazón, a construir el futuro que nuestras islas merecen. En la comunidad, con la comunidad y para la comunidad.

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