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Conociendo historias de valentía en la frontera con Venezuela

Artículos y Opinión 12/07/2019
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Riohacha es una ciudad costera del departamento de La Guajira donde el río Ranchería se une con el Mar Caribe en el departamento colombiano de La Guajira. A una hora en carro, se encuentra la ciudad de Maicao que está a 14 kilómetros de Paraguachón, una comunidad fronteriza de Venezuela, lo que ayuda a entender cómo la ciudad acogió a más de 60.000 personas que huían de la crisis humanitaria en su país de origen.

Si Maicao tuviera un corazón, podríamos decir que este sería el Parque San José. A pocos metros de la Alcaldía Municipal, este lugar es un punto de encuentro tanto para la comunidad local como para la venezolana. Luce repleta de coloridas camisetas de fútbol a la venta, música que compite con la música atronadora y, sobre todo mucha, mucha gente. Algunos hablando entre ellos, otros intercambiando algo de plata, algunos más allá vendiendo dulces, empanadas o una bolsita de agua que ayuda a decirle hasta luego por un momento a la berraca calor que se pega a cualquier resquicio material y humano.

Esta es sólo una de las escenas que presencié el mes pasado, cuando me uní al equipo de La Guajira de Mercy Corps y pude visitar esta región como parte del Día Mundial del Refugiado.

El primer salvavidas en Colombia

Comenzamos nuestro día en las afueras de Maicao, en el Centro de Atención Integral (CAI). El CAI, que es operado por ACNUR y otras agencias, donde atienden a 350 personas. Este lugar sirve como el primer salvavidas para quienes llegan a La Guajira a través del puesto fronterizo de Paraguachón. Mientras caminábamos entre filas de carpas, algunos empleados nos contaron las necesidades más importantes de la población venezolana: los servicios de salud, el apoyo legal y psicosocial, la necesidad de alimentos y de otro tipo de objetos.

Conociendo las terribles circunstancias que atraen a mucha gente al CAI, anticipé una escena más sombría que la que encontramos. Mientras recorríamos el centro, hubo un cierto sentido de celebración con motivo del evento del Día Mundial del Refugiado. Niños pequeños practicaban algunos pasos de baile, otros preparaban platos tradicionales venezolanos. Esa escena fue alentadora, llena de vida, que a veces se ve oscurecida cuando la gente solo piensa en esta migración como un número. Pero detrás de cada cifra hay una historia viva que sufre pero que también sueña.

"Espero que mis hijas puedan conocer una Venezuela en paz"

En el “corazón” de Maicao, conocí la historia de una mujer que superó grandes dificultades para tener una nueva vida con sus tres hijos, su esposo y su madre. Con el apoyo del proyecto de Mercy Corps, pudo comprar un pequeño carrito en el que ahora vende un delicioso café casero, pan y dulces. Con sus ganancias, ella puede alimentar a su familia y cubrir los gastos de la escuela y de salud. Todo un ejemplo de resistencia ante las adversidades.

De vuelta a Riohacha, conocí la Casa del Abuelo donde viven casi 40 personas. Un padre de una de ellas me dijo: "Espero que mis hijas puedan conocer una Venezuela en paz".

Al final del día, asistí al evento "Feria Sin Fronteras" en una de las plazas principales de Riohacha, a poca distancia de la playa y con el telón de fondo de una brillante puesta de sol sobre el Caribe. El lugar se transformó en un escenario con músicos, artesanos y panaderos locales, con el objetivo de promover los negocios locales y reunir a la comunidad en honor al Día Mundial del Refugiado. Una hermosa manera de culminar mi primera visita a esta tierra y realidad que desconocía.

El Día Mundial del Refugiado nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre nuestro mundo: cómo es hoy y cómo podría ser en el futuro. No se me ocurre una manera más profunda de haber conmemorado el Día Mundial del Refugiado 2019 que haberla pasado trabajando junto a mis colegas de Mercy Corps, los líderes de las comunidades en las que trabajamos y, lo que es más importante, la gente a la que sirve nuestra organización en La Guajira.

La ONU estima que para finales de este año habrá 5,3 millones de refugiados venezolanos, lo que inevitablemente aumentará el más de un millón que ya vive en Colombia. Al igual que el padre que conocí en Riohacha, yo también espero y creo que las personas comprometidas y apasionadas pueden afrontar el reto de ayudar a asegurar una región y un mundo que conozca la paz.

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Mercy Corps apoyó a alrededor de 11,000 personas con su programa #RespuestaVenezuela para mejorar la situación de la población procedente de Venezuela en La Guajira y Cesar.

Escrito por Carolyn Lang, pasante internacional de Mercy Corps Colombia desde junio de 2019.

Editado por Comunicaciones.