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Una historia de resistencia cocinada a fuego lento

15/07/2019
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Mujeres Rurales del Cauca


Martha Lucía vive en Popayán con su esposo y sus dos hijos. Pómulos rosados y encendidos, figura robusta, rostro ovalado y una sonrisa infinita. De espíritu alegre, pero sobre todo valiente. Tras ser desplazada, ahora se gana la vida vendiendo choripapas, pollito, perros con su freidora que instala cada día a las tres de la tarde para saciar los apetitos de sus vecinos del barrio Real Pompona.

Sin embargo, no todo ha sido felicidad en su vida, Martha hace parte de las 5,1 millón de personas afectadas por la guerra en Colombia. Huyó desplazada de El Tambo, un municipio del departamento del Cauca donde el conflicto aún sigue muy presente.

“El 25 de abril del 2018 nos tocó desplazarnos de Cuatro Esquinas porque a mi patrona la citaron, unas personas armadas y se la llevaron. Al poco, llegaron unos hombres de un brazalete y nos dijeron que teníamos que desocupar la finca”, recuerda Martha.

Así como lo relata Martha, la señora Fanny, dueña de la finca en donde Martha y su esposo le ayudaban en la cocina y a trabajar la tierra, desapareció misteriosamente sin dejar rastro. Le dijeron a ellos, y a los otros 5 trabajadores de la casa, que la señora Fanny “había vendido la finca” y que debían desocuparla inmediatamente.

“Lo que más extraño de allá es la tranquilidad y que había bastante, pero al final llegó esa gente armada a dañar la vida a uno y tocó salir corriendo.” cuenta Martha. La familia tuvo que salir en la noche, empacar su ropa e irse para Popayán caminando, y con la ayuda de conductores en la vía que los acercaron al municipio donde llegaron a la casa de la familia de su esposo.

Martha, confundida y preocupada por la seguridad de su familia, declaró ante la Unidad de Víctimas y allí la reconocieron como desplazada a ella, a su hijo Duvan, su hija Derly y a su esposo Luis Eduardo. Desde ahí, toda la familia ha vivido en Popayán buscando nuevas oportunidades para su futuro. Luis Eduardo logró ubicarse como guarda de seguridad de un supermercado local, y Martha, por su parte, estuvo haciendo aseo en casas por una temporada. Ahora trabaja en una cafetería como cocinera y vende sus productos de papas fritas los días jueves, viernes, sábado y domingo.

El emprendimiento como forma de vida

Martha dice sentirse agradecida y satisfecha con el proceso que ha adelantado con la psicóloga, aunque reconoce que pensaba que eso era para los locos. “Antes al principio era muy triste, estaba deprimida, porque no tenía trabajo, y tenía que dar de comer a mis dos hijos, yo pensaba que los psicólogos eran para los locos”, dice.

A finales de 2018, Martha conoció el programa Asistencia Humanitaria Integral BPRM 13, de Mercy Corps, una iniciativa que tiene como objetivo fortalecer las capacidades locales de las personas, brindar asistencia humanitaria intersectorial y soluciones sostenibles en el tiempo para las personas y su comunidad. Apoyamos a Martha con tres entregas de ayuda en efectivo que utilizó para pagar el arriendo, los servicios públicos, hacer algunas reparaciones y comprar comida para toda la familia. Con orgullo cuenta que ya está esperando las escrituras de su casa y que tiene en mente las próximas reparaciones en las que invertirá para el bienestar de su familia.

En una de las capacitaciones del programa, a Martha se le ocurrió su idea de negocio: un puesto de papas fritas. Siempre le gustó la cocina y soñó con tener un restaurante, así que le facilitamos un taller en el Servicio Nacional de Aprendizaje y aplicó los conocimientos que había adquirido dentro del programa y puso manos a la obra. “Nos explicaron cómo montar el negocio, publicidad, todo”, comenta.

Ya pasó casi un año desde que vendió su primera ración de papas fritas, con el que logró no sólo tener clientes sino también estructurar un plan de negocio. Con entusiasmo dice que ha pensado en iniciar un cuaderno de contabilidad, para así facilitar sus cuentas en el hogar.

Los sueños de Martha no terminan, desea tener su propio restaurante familiar en unos años, para poder darle empleo a otras personas que también han sido víctimas del desplazamiento armado.

Gracias al programa Soluciones Humanitarias Duraderas apoyamos a más de 5.300 personas víctimas del conflicto armado en 24 municipios de Chocó, Putumayo, Cauca y Antioquia.