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Un ángel llamado Araceli, la madre de los venezolanos en el corazón del Putumayo

25/07/2019
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Asistencia Humanitaria de Emergencia para Venezolanos Migrantes


A unos 150 kilómetros de Mocoa, vive Araceli Ferné, decidió empezar de cero, con su esposo y sus cuatro hijos en el Valle de Guamuez, en Putumayo.

Su voz es cálida, maternal y sus ojos reflejan las ganas que tiene de salir adelante pese a las adversidades. Araceli recibió a familias, que, como la suya, han tenido que abandonar su hogar en Venezuela. “Ella es sinónimo de solidaridad, de gentileza, de servicio, cuando no ayuda a sus compatriotas a buscar donde vivir, los hospeda en su casa (…) denuncia casos de violencia intrafamiliar para acompañarlos con apoyo psicosocial”, explica parte del equipo de Mercy Corps Putumayo.

Araceli nos contó cómo ha sido su experiencia de vida en Colombia, lo que ha tenido que hacer para seguir con su proyecto de vida y cómo el programa Asistencia Integral Humanitaria la ha acompañado a perseguir sus sueños.

“Para que decir todo lo que hemos pasado, conté con la suerte de llegar acá”.

Hace dos años, esta caraqueña empacó su vida en un par de maletas y decidió llegar al departamento del Putumayo. Explica que Colombia es de los pocos lugares que han sido generosos y compasivos y que si fuera por ella, sería “el único país” que merece el cielo por no rechazarles.

“Mercy Corps, se enfocó en proyectos con las familias migrantes, no solo han sido una ayuda económica (…), hemos conseguido una familia, son nuestros amigos, nos han cobijado y nos han enseñado”, comenta. El apoyo emocional que Araceli ha recibido en el programa, la ha ayudado a sanar las heridas que le causó abandonar su país. En un momento se queda en silencia y dice: “Pese a sentir en mi espalda el peso del rechazo, haber salido de Venezuela fue la mejor decisión”.

Araceli está empoderada y sabe que es importante dentro de su comunidad, y por eso, atiende puntualmente a los talleres de medios de vida del programa. “De las primeras cosas que compré con la ayuda fue la lavadora, luego un televisor, ahora puedo salir con los muchachos y por ejemplo, arreglar mi bicicleta”, cuenta con felicidad.

Decorando "reunioncitas” y sanando heridas

Por condiciones médicas no puede tener un trabajo de tiempo completo, pero eso no la ha detenido para buscar fuentes económicas para sustentar a su familia. Cuenta que estuvo “haciendo cositas de aquí a allá”, vendiendo helados y cocinando. Su esposo que trabaja en las obras públicas del municipio, la apoya de forma incondicional.

Un día, en uno de los talleres, se le ocurrió la idea de comenzar a prestar servicios de decoración para reuniones sociales. “Eso es una terapia para mí, a mí eso sí me encanta, me desestresa”, explica.

Con modestia, Araceli mostró una foto de uno de sus arreglos. “Esta fue una pequeña reunioncita que le hice a un amigo”. En la foto se ve una mesa de decorada de color naranja, azul y amarillo, dos pilas de bombas de colores en ambos costados. Con sus manos crea, a partir de material reciclable, centros de mesa, piñatas, bomboneras y hasta arreglos florales. Sus compañeros aplauden y apoyan su idea. “Lo que uno debe tener es el tiempo, la disposición y la calidad”, les cuenta, mientras sostiene la imagen en sus manos.

Para el día del amor y la amistad en el próximo septiembre, ya está pensando qué hacer. Tiene planeado hacer un catálogo de arreglos para cada tipo de reunión. Sus ojos brillan cuando lo dice. “No tenemos lujos ni riquezas, pero tenemos todo lo que hemos necesitado, tenemos donde acostarnos, qué comer todos los días, y eso está bien”.

“Ahora queremos seguir reuniéndonos, pese a que no continué el programa, porque hemos creado una gran amistad y queremos hacer dinámicas”

El carisma y la proactividad de Araceli la ha hecho líder en los talleres de medios de vida. Sabe cómo convocar a sus compañeros, hacer las dinámicas de reflexión en torno a los emociones que estén pasando cada uno, y crear lazos de confianza y amistad entre compatriotas. Su “nueva familia”, como los describe, ha sido una motivación más para seguir trabajando su idea de negocio de decoraciones; investiga, consulta, lee, Araceli quiere seguir capacitándose para ser una gran empresaria.

Recuerda con nostalgia lo que hacían luego de cada taller: una hora de reflexión y escucha atenta, allí todos tenían la oportunidad de contar porqué salieron de su país, porqué se consideran víctimas, cuáles son sus necesidades y qué es lo que más los motiva para seguir emprendiendo un viaje de superación y resiliencia. “Las reuniones de Mercy Corps han sido un desahogo, porque realmente es ir más allá, podemos contar lo que nos ha sucedido, es tu espacio, es tu momento, te olvidas de todo para hablar con el grupo, con el psicólogo, ahí hablo y comparto”, explica.

Los hijos de Araceli también participaron en el programa y son parte de la Escuela de Liderazgo. En ella, encontraron espacios donde vincularse dentro de la comunidad. “Ellos se fueron con expectativas porque nunca había ido a un taller así”, cuenta. Cuando regresaron a casa, la experiencia no les defraudó: “ay mami me encantó la rama de lectura”, le contó una de sus hijas.

Cada niño tiene una idea, hay unos que se van por la lectura, programas de radio, rap, hay niños que están trayendo sus procesos culturales por medio de la etnia, como los tejidos con shakira, explica parte del equipo Mercy Corps.

Su historia refleja el poder de la convicción y la seguridad propia, un ángel llamado Araceli apareció en el municipio de Valle de Guamuez. Hoy llena de alegría y felicidad a su comunidad, a quienes recibe con bombas y festejos.

Como Araceli, apoyamos fortalecimos las capacidades de más de 5.000 personas en las regiones de Antioquia, Chocó, Cauca y Putumayo.