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Resurgir en tierra desconocida vendiendo gelatina de pata

26/09/2019
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Asistencia Humanitaria Integral BPMR XIII


Por: Alejandro Rodríguez.

Sandro Torres, vende gelatina de pata de res en Mocoa (Putumayo). Llegó a Colombia en un acto de osadía cuando hace cinco meses dejó todo en Barquisimeto (Venezuela), incluso su profesión de taxista que ejerció desde los 18 años que heredó de su familia. Gracias a ella, consiguió el dinero para comprarse su casa y su propio vehículo..

Vendió su taxi y se lanzó a lo incierto. Con el dinero obtenido, su esposa y sus tres hijos, tomó la decisión de viajar hasta San Antonio de Táchira (Venezuela) en la frontera con Colombia, donde empezaría una larga travesía hacia un futuro mejor. Con 15.000 pesos entraron a Colombia por Cúcuta y con ayuda de venezolanos reunieron dinero e iniciaron su recorrido hasta el Putumayo. Hicieron una parada en Bogotá, donde tuvieron que cambiar sus pertenencias por pasajes para continuar hacia su destino, del que solo sabían que les esperaba un empleo y la posibilidad de empezar de cero dignamente.

Sandro llegó cinco días después con su familia a Mocoa en busca de la prosperidad y la tranquilidad que añoraba de su nativa Araure en el estado Portuguesa (Venezuela). El hombre que les tenía trabajo no contestó el celular y no lo volvieron a ver. Ese mismo día que llegaron,cerca de las 4 de la tarde, conocieron a Edward, quien le ofreció trabajo como albañil.

La falta de recursos y el cambio de costumbres son los obstáculos principales- “Lo más complicado fue empezar desde cero, no tener [un sustento], allá tenía toda la comodidad y aquí no, en Venezuela siquiera apoyaban, si no tienes gas vas a donde el vecino, aquí no”, dice recordando la calidad de vida que llevaba en Venezuela. Ahora duermen en un cuarto pequeño, encima de una colchoneta, y por el que pagan 120.000 pesos al mes.

“Yo lo que hago es vender”

En uno de sus trabajos conoció a una mujer que le conectó con un hombre dueño de un negocio de gelatina de pata de res. “Me llamó y me dijo que si yo estaba dispuesto a trabajar en el carrito”, dice. Él accedió y ya lleva tres meses vendiendo gelatina de pata en un puesto ambulante metálico, en el que una máquina de dos trinches mezcla el colágeno extraído de las patas de res hasta conseguir la textura particular de la gelatina, desde las siete de la mañana hasta las ocho de la noche. “Él me da el 30% de lo que se haga, trae todo, y yo lo que hago es vender”, añade. Ahora que aprendió a hacer la gelatina, estima la posibilidad de emprender por su propia cuenta con el que aspira a ganar 120.000 pesos a la semana.

Yusmary, su esposa, resalta también el esfuerzo por construir una nueva vida en el país que los acogió. “Hemos llegado aquí prácticamente sin nada, con la maleta y las ganas de salir adelante”.

Desde Mercy Corps, apoyamos con ayudas económicas a personas como Sandro para que puedan cubrir los primeros gastos de alimentación, vivienda y ropa, en este nuevo comienzo. Además, en este caso también le colaboramos con la gestión de la atención médica para su hijo de ocho años.

Como él, acompañamos a personas desplazadas y migrantes que buscan nuevas oportunidades en un nuevo lugar en el marco del programa Soluciones Humanitarias Duraderas, con el que atendemos las necesidades de más de 5.300 personas en Chocó, Putumayo, Cauca y Antioquia.