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01/10/2019
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Respuesta de Emergencia Venezuela


Por: Valentina Jacome.

En las misas dominicales del Municipio de La Paz (Cesar), los sacerdotes afirman que la población venezolana ya sobrepasó las dos mil personas en el municipio.

“Se pueden contar con una mano los que son malos”, responde Beisy Lopez. Una madre venezolana que, como cientos de mujeres en la región, tuvo que dejar una vida atrás en Venezuela y aventurarse a lo que pudiese pasar en un país diferente.

Beisy es oriunda de Zulia (Maracaibo), y hace dos años atravesó 405 kilómetros de carretera y los de la trocha en la frontera, para llevar a su abuelo hasta su pueblo natal, La Paz. Su objetivo era llegar a Ecuador, pero por cosas del destino, se quedó en Colombia: esta es su historia.

De la gerencia a la incertidumbre

Es profesional,técnica superior en administración, y trabajó como gerente de un supermercado en Zulia. “Ese mito de que el venezolano es haragán, no es cierto, yo soy trabajadora”, dice con orgullo.

Tiene dos hijos, Omar de 20 años y Santiago de 9. En Zulia vivía con ellos y su madre y su abuelo con el que creció,y quien tiene una condición de discapacidad. El padre de sus hijos es de origen árabe, pero no sabe nada de él desde hace años.

“Éramos ricos y no lo sabíamos”, dice Beisy cuando le preguntan cómo era su vida hace unos años. Recuerda con anhelo su casa, carro, el aire acondicionado y demás comodidades que gozaba con sus hijos en Maracaibo.

Cuando se fueron “apretando las cosas” en Venezuela, Beisy decidió alternar su trabajo como gerente, con una empresa propia de masa de maíz. Así logró mantenerse una temporada, pero luego de un tiempo el maíz que compraba para hacer su masa terminó costando el doble de lo que lo estaba vendiendo.

Las salidas a restaurantes se convirtieron en comidas periódicas para la familia, principalmente comían yuca y hueso. Beisy perdió 40 kilos y Santiago, su hijo menor, también perdía de una forma muy rápida.

Su madre, una mujer de 78 años que padecía diabetes, necesitaba con urgencia los medicamentos para tratar su enfermedad. Beisy quería llegar directamente a Ecuador, pero sabía que, por la condición de su madre, no era buena idea. La Paz, el municipio colombiano que vio nacer a su abuelo, era su primera parada.

Contando los kilómetros hasta Colombia

Baisy ahorró todo lo que pudo y finalmente decidió empezar su travesía.“La primera vez me vine por trocha porque mi abuelo tenía la cédula colombiana pero yo no”. Beisy tardó dos días desde Zulia hasta La Paz, atravesando La Guajira, con Santiago, su hijo menor y su madre y pagando cada poco un peaje a los grupos que controlan la zona fronteriza. “Muy feo, eso no se lo aconsejo a nadie”, recuerda.

Finalmente, llegó a la casa de la familia de su abuelo, un hogar multifamiliar en donde vivían otras dos familias. Allí le dieron posada por una temporada. “Yo no quería ser una carga para mi abuelo, al contrario, quería ayudarlo”, cuenta.

Con ese pensamiento, decidió buscar un hogar independiente para ella y su familia. Trabajó haciendo aseo y tareas del hogar en una casa sin embargo, le pagaban apenas $5.000 pesos el día. El lugar en donde vivía no tenía cama, ni ventilador, ni siquiera una cocina o un baño sanitario. Los primeros días consiguió un colchón en la calle, lo lavó y lo utilizó para acostar a Santiago.

Al mismo tiempo, la salud de su madre iba empeorando cada día. Beisy estaba preparada para lo peor. Tras dos meses, Omar, su hijo mayor, llegó a Colombia. Cuando encontró a su mamá y al resto de su familia, estaban cocinando con leña.

"Uno como venezolano va regando la voz y así me llegó la noticia”

Vecinas del sector le dijeron a Beisy que iba a llegar una organización a contabilizar las personas migrantes venezolanas estaban en La Paz, revisar las necesidades de cada familia y seleccionar aquellas que estuvieran en una situación más crítica. “Uno como venezolano va regando la voz y así me llegó la noticia”, recuerda.

Luego de un censo y un proceso de entrevistas, Beisy y su familia quedaron como participantes del programa Respuesta Venezuela, una iniciativa de Mercy Corps que pretende brindar apoyo económico para necesidades básicas inmediatas a familias migrantes venezolanas o colombianos retornados en situación de riesgo, así como apoyar a las comunidades de acogida.

Este apoyo marcó un antes y un después en la vida de Beisy en Colombia. Recuerda que con la primera ayuda que recibió, acondicionó un baño sanitario para su hogar, compró un ventilador, una cama, una estufa y un cilindro de gas. Con la segunda, logró llevar a su madre a Venezuela y cumplir su último deseo: morir en la tierra en donde nació. “Yo soy de las que opino de lo que no logro yo, no logra nadie, yo me hubiera ido así sea a pie, no me hubiera perdonado no haber ido a despedirla”, dice con la voz entrecortada. Y la última,le llegó justo el día en el que su madre falleció, y con ese apoyo logró cubrir los gastos fúnebres en Venezuela. Esto ocurrió en marzo de este año.

Al llegar nuevamente a Colombia, Beisy empezó a trabajar por su cuenta. Para ello, comenzó a vender frutas y verduras en la plaza central con una carreta en alquiler que le representaba un gasto de $4.000 pesos diarios, pero gracias a la tercera ayuda, hoy tiene su propia carreta.

Todos los días sale con su carreta hasta las nueve de la mañana, cuando llega su hijo y vende por las calles del municipio lo que no logró vender en la plaza. Debe pagar 70 mil pesos mensuales de alquiler de su hogar, comparte la casa con 4 familias, 17 personas en total; su familia es la única que tiene cocina.

Este tipo de apoyo para Beisy fue esencial ya que pudo hacer frente a los problemas particulares que ella tenía. Es lo mejor porque “cada familia tiene problemas y necesidades distintas”, explica. “Yo nunca pensé que yo lo fuera a usar para el entierro de mi madre, para mí, fue una bendición y sé que también para la mayoría de los venezolanos participantes”.

Un futuro prometedor sin discriminación ni xenofobia

“El segundo país que más recibió migración en una época fue Venezuela. Y nunca maltratamos a alguien, había panaderos españoles o portugueses, el árabe era el que vendía las sábanas o los zapatos, pero nosotros nunca discriminamos a nadie”, dice Beisy.

La discriminación y la xenofobia es una problemática social que no es exclusiva del municipio de La Paz., “Cuando hay una manzana mala, daña al resto”, dice Beisy cuando escucha hablar de los casos de discriminación a sus coterráneos. Hasta junio del 2019, han migrado a Colombia más de 1.408.055 venezolanos según Migración Colombia.

Beisy se niega a ocultar sus raíces y se siente orgullosa de ser venezolana, le pide a Dios por las personas que se quedaron en Venezuela y agradece de corazón por todo lo que le ha sucedido en Colombia, porque para ella son “bendiciones”.Por las noches la desvela pensar que su casa sigue abandonada y que pueda ser habitada por extraños. “En cualquier momento dicen: ´métase en esas casas el que no tenga casa´”, explica. Por esa razón está vendiendo las pertenencias que dejó dentro, desde Colombia.

La estabilidad, equilibrio y felicidad de sus hijos son los tres aspectos que resalta como primordiales, antes de tomar la decisión acerca de retornar hacia Venezuela. “Donde yo esté, tengo que darles tranquilidad”, dice.

El programa Respuesta Venezuela apoyó a más de 8.000 personas venezolanas, colombianas retornadas y comunidades de acogida, para integrarse en un nuevo país.