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Una vida dedicada al café

09/02/2018
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Mujeres Rurales del Cauca


Bianey, es una mujer que respira el olor a café desde que era pequeña. Su familia ha estado dedicada al café desde que ella tiene memoria. Su padre, ya fallecido, dedicó toda su vida al cultivo de este grano, dejándole a ella y a sus hermanos la herencia del amor por el café.

A los 47 años, Bianey vive en el municipio de Rosas, al sur del Cauca, donde comparte una finca con su esposo, dos hijos y cuatro de sus hermanos. Su esposo se dedica a la construcción, los hijos estudian cursos en diferentes áreas y ella, día a día, se encarga de cuidar sus palos de café. Es una mujer que no se rinde, además del café tiene panales de abejas y un par de máquinas de coser con las cuales confecciona uniformes para complementar sus ingresos.

Se nota al hablar con ella que le gusta trabajar y aprender. Dice orgullosa que la buscan de todas partes del municipio porque hace muy buenos uniformes y ni hablar del delicioso café.

Su curiosidad por aprender la hizo unirse al programa de Autonomía y Empoderamiento Económico de las Mujeres Rurales del Sur Cauca hace ya dos años. Un colaborador la visitó en su finca y le propuso que participara. “Aquí vino a visitarme y a comentarme. Que si estaba de acuerdo (…) Me interesó, porque ahí uno aprende cosas nuevas”

Pero lo que no sabía Bianey fue que a partir de este momento, su vida cambió. Al unirse al programa, logró no solo aprender más sobre calidad del café, el cultivo y su mercado, sino que también consiguió lo más importante para ella: el título de su finca.

Bianey, al igual que muchas caficultoras beneficiadas del Programa lograron formalizar sus tierras. Ella, como muchas, heredó la tierra de su padre pero no había ningún documento oficial que dijera que ella era la dueña. Sin las escrituras, Bianey no podía tener respaldo ante ningún banco para pedir un crédito. Tampoco podía acceder a beneficios del gobierno para desarrollar aún más su cultivo. Ahora con el título en sus manos ve un futuro más prometedor, quiere pedir un préstamo para comprar más palos de café y sembrar un nuevo lote.

La ilusión del nuevo lote la tiene feliz, sin embargo dice que lo que más le gusta del programa es que gracias a él, ha conseguido nuevas amigas de otros municipios con quienes comparte, enseñanzas y conocimientos en todos los talleres que participan.

“Siempre como nos encontramos en las capacitaciones pues uno va afianzando la amistad. Nos hemos divertido, pues al menos nos hemos des-estresado, que es también es importante”, cuenta entre risas.

Desde el cuidado de su cultivo hasta la preparación de cafés especiales y su venta, Bianey ha descubierto un nuevo mundo del café. Para el futuro, Bianey espera mantener sus amistades y aprendizajes pero sobre todo su tradición cafetera intacta: “Todo el tiempo hemos vivido del café. Educando a los hijos con lo mismo, con el café”

#MujeresRuralesdelCauca